Amarilla: “Si hay una política que debe ser de Estado es la política ambiental” por el desarrollo sostenible, y las futuras generaciones

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En ocasión de conmemorar el Día Mundial del Medio Ambiente, la Cámara de Representantes realizó este lunes 8 de junio una sesión especial.

El primer orador fue el legislador Gerardo Amarilla (Partido Nacional), quien realizó una ponencia muy interesante, afirmando que “si hay una política que necesariamente debe ser de Estado es la política ambiental, porque es una política que tiene como objetivo principal ese desarrollo sostenible, que prioriza a las futuras generaciones”.

Según el representante por Rivera, “si no cuidamos la naturaleza, no podemos cuidarnos a nosotros mismos”.

Así se expresó Amarilla:

“Antecedentes.

Nuevamente nos encontramos celebrando el Día mundial del Medio Ambiente fecha clave de Celebración, de reflexión y acción, establecida en 1972 por la Asamblea General de Naciones Unidas  en coincidencia con la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano.

En aquella oportunidad la humanidad en su institucionalidad de ONU, colocaba el tema en la agenda pública global, porque como especie realmente nos dábamos cuenta de que resultaba insostenible el desarrollo de la forma que se había encarado en los últimos siglos.

Cabe recordar que Uruguay participó en esa conferencia mediante la representación del embajador Mateo Magariños de Mello, que era jefe de misión de nuestra nación ante los países nórdicos, hombre de profunda convicciones nacionalistas que luego de esa instancia abrazó la causa ambiental y fue –sin duda- el pionero del derecho ambiental en nuestro país y estudioso reconocido a nivel continental.

2020 Biodiversidad

Este año el Día Mundial del Medio Ambientes un llamado urgente a la acción global para proteger la biodiversidad.

La biodiversidad, o diversidad biológica, es la variedad de seres vivos sobre la Tierra. Abarca aproximadamente 8 millones de especies en el planeta: desde plantas y animales hasta hongos y bacterias, los ecosistemas que los albergan -como océanos, bosques, montañas y arrecifes de coral-, así como la diversidad genética encontrada entre ellos.

La biodiversidad puede verse como una red intrincada, en la que cada parte es interdependiente. Cuando un componente se cambia o se elimina, todo el sistema se ve afectado y esto puede acarrear consecuencias.

La consigna de la ONU este año es “Es la hora de la Naturaleza”.

Obviamente que más que una consigna  meramente celebratoria, para ensayar declamaciones profusas, que luego, como es mala norma, serán olvidadas apenas el almanaque traiga los afanes de otros días, es desde luego un llamado a la acción.

Desde esa conferencia de Estocolmo, la Humanidad asume la plena concientización del deterioro de los Ecosistemas terrestres y de que la Naturaleza no podía ser objeto de la acción humana de dominar, sin tasa ni medida, sino que se trató de cambiar el curso de las conductas que hacen la historia del día a día del Planeta, asumido como La Casa Común.

Y decimos que no se trató tanto de un descubrimiento intelectual sino de un potente llamado a la acción, porque a lo largo del tiempo y la historia la fraternidad universal había estado en la base de civilizaciones enteras, cabe recordad a figuras como Francisco de Asís que ya hace 800 años proclamaba la hermandad del hombre, los animales, las plantas y el Cosmos.

LOS SERVICIOS DE LA NATURALEZA

La naturaleza está relacionada a algunos de los desafíos más apremiantes que enfrentamos los humanos hoy. Nos proporciona oxígeno, purifica el agua que bebemos, asegura un suelo fértil y produce la variedad de alimentos que necesitamos para mantenernos saludables y resistir enfermedades. Permite a los investigadores médicos comprender la fisiología humana y ofrece sustancias para el desarrollo de medicamentos. Es la base de la mayoría de las industrias y medios de vida. Incluso ayuda a mitigar el cambio climático al almacenar carbono y regular las precipitaciones locales. La vida en la Tierra no sería posible sin los servicios de la naturaleza. Es nuestro mayor bien común.

La biodiversidad sustenta la prosperidad económica. Más de la mitad del PIB mundial, el equivalente a aproximadamente US$ 44 billones, es moderada o altamente dependiente de la naturaleza. Más de 70% de la población que vive en pobreza depende, al menos en parte, de los recursos naturales para generar ingresos, ya sea a través de la agricultura, la pesca, la silvicultura u otras actividades basadas en la naturaleza.

La naturaleza es una fuente esencial de muchas sustancias utilizadas en la medicina moderna. Las plantas, los animales y los microbios permiten a los investigadores médicos comprender la fisiología humana y tratar enfermedades. 4.000 millones de personas dependen directamente de medicamentos naturales y alrededor de 70% de los medicamentos contra el cáncer son productos naturales o sintéticos inspirados en la naturaleza.

Los ecosistemas regulan el clima de la Tierra al capturar y almacenar gases de efecto invernadero. De hecho, los ecosistemas en buen estado pueden proporcionar 37% de la mitigación que necesitamos para limitar el aumento de la temperatura global.

Los ecosistemas biodiversos pueden ayudar a mitigar el impacto de desastres naturales como inundaciones, tormentas, tsunamis, avalanchas, deslizamientos de tierra y sequías. También pueden proteger contra la propagación de enfermedades: en aquellos lugares donde la biodiversidad nativa es alta, la tasa de infección por enfermedades zoonóticas como la COVID-19 es menor.

El deterioro

El cambio en el uso del suelo, la sobreexplotación, la generación de gases de efecto invernadero y el consiguiente cambio climático, la contaminación y la propagación de especies invasoras son actividades humanas con efectos graves.

Amarilla1Según datos de Naciones Unidas, 13 millones de hectáreas de bosque desaparecen cada año, mientras la degradación persistente de las zonas áridas está provocando la desertificación de 3.600 millones de hectáreas. El 8% de todas las especies de animales conocidas están extintas y 22% está en riesgo de extinción. La contaminación ha deteriorado la calidad de aguas en general y en especial las zonas costeras y las poblaciones de muchas especies de peces se están agotando rápidamente. Las actividades humanas también han creado condiciones para que los virus pueden transmitirse más fácilmente entre animales y humanos, dando como resultado un aumento en la transmisión de enfermedades infecciosas como la COVID-19.

Según un informe publicado el año pasado, la degradación irreversible en el medio ambiente natural representa una gran amenaza al progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible alcanzado en las últimas dos décadas. Todavía podemos lograr un mejor futuro, pero sólo con cambios drásticos en las políticas, incentivos y acciones de desarrollo.

La aparición de la COVID-19 ha destacado el hecho de que, cuando destruimos la biodiversidad, destruimos el sistema que sustenta la vida humana. Al alterar el delicado equilibrio de la naturaleza, hemos creado las condiciones ideales para la propagación de patógenos, incluidos los coronavirus.

Estamos inextricablemente interconectados con la naturaleza. Si no cuidamos la naturaleza, no podemos cuidarnos a nosotros mismos.

Muchas veces tenemos la tentación de caer en el camino fácil y simplista a la hora de medir las responsabilidades. Escuchamos reiteradamente que fue la Revolución Industrial y el modelo capitalista posterior el gran responsable, por supuesto que hay suficientes razones para sostenerlo, pero no fue menor el impacto y la degradación ambiental del extractivismo y la producción intensiva del llamado modelo socialista. A manera de ejemplo recordamos como tal vez el mayor desastre ambiental de la historia a la tragedia generada en el accidente nuclear de Chernóbil.

No pocas veces se intenta también utilizar los temas ambientales, las banderas de la defensa del ambiente para cuestionar o criticar duramente a gobernantes o políticos según su orientación o ideología, mientras que en otras oportunidades justificamos terribles decisiones en función de nuestra adhesión o simpatía. Aquí cerca y no hace muchos meses, se cuestionaban con gran acidez los incendios en la Amazonia, en Brasil, pero nada se decía respecto a los mismos incendios en Bolivia o en Venezuela.

Todos somos responsables, todos tenemos culpa.

Las potencias económicas, los países industrializados, las grandes empresas, pero también los gobiernos, todos tenemos nuestro grado de responsabilidad, los partidos políticos, donde muchas veces se dan esas contradicciones y esas tensiones entre las posiciones que tienen la conciencia ambiental de entender que el único desarrollo posible es el que cumple con la sostenibilidad en el tiempo pensando en las futuras generaciones y aquellos que quieren resultados rápidos y piensan más en la próxima elección y no tanto en la futura generación.

Y también somos responsables como los ciudadanos, con nuestras conductas respecto a los recursos naturales, el consumo descuidado de agua, de papel o de energía, nuestra conducta respecto a los residuos que muchas veces resulta descuidada y en la suma genera impactos ambientales que los vemos como horror, como por ejemplo una isla de basura en el Océano Pacifico, pero debemos ser conscientes que no comenzó de la nada, sino de la suma de conductas irresponsables de ciudadanos que aportamos nuestro grano de arena para esa vergonzosa realidad.

Como todos y cada uno somos responsables, todos debemos asumir la necesidad de cambios en la conducta.

LLEGÓ LA HORA DE LA NATURALEZA

Tras las decisiones tomadas por los Estados Miembros de la ONU en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y sus socios están lanzando el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas (2021-2030), una iniciativa global para restablecer la relación entre los humanos y la naturaleza. El PNUMA también está trabajando con los líderes mundiales para desarrollar un nuevo y ambicioso Marco Mundial de la Diversidad Biológica posterior a-2020 con el fin de lograr la visión para 2050 de vivir en armonía con la naturaleza.

Creemos que el 2020 es un año decisivo y podemos marcar un punto de inflexión para revertir la pérdida de biodiversidad entendiendo que resulta fundamental para restaurar el planeta y mantenerlo saludable. Es hora de reinventar nuestra relación con la naturaleza y ponerla en el centro de nuestra toma de decisiones.

Debemos avergonzarnos de los discursos sino van acompañados de conductas responsables y comprometidas con el ambiente y con un modelo de desarrollo que sea cabal y – yo diría exigentemente sostenible.

Uruguay tuvo un largo proceso de inclusión de la temática ambiental en la agenda pública, desde la participación en la conferencia de Estocolmo en 1972, la instalación de una oficina en la órbita del Ministerio de Cultura en la década del 70, hasta la creación del MVOTMA en 1990, que luego tuvo un escalón importante cuando en 1994 de estableció el Estudio de Impacto Ambiental, en 1996 cuando se le da jerarquía constitucional a la protección del ambiente, en el año 2000 cuando se desarrolla esta disposición constitucional por vía legal y se crea el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas y una serie de normas, reglamentos, proyectos, programas,  instrumentos nacionales y departamentales así como la suscripción y ratificación de convenciones y tratados internacionales relacionados a la temática ambiental.

Particularmente y relacionado con el tema Biodiversidad, Uruguay es Estado Parte de la Convención de Diversidad Biológica (CBD) de Naciones Unidas y contribuye al logro de los objetivos del Convenio sobre Diversidad Biológica a nivel global y ha formulado su propia Estrategia Nacional (2016-2020), que es la política de biodiversidad imperante. Es importante también el seguimiento de los Protocolos, Acuerdos que hacen a la Conservación de la Biodiversidad: el Protocolo de Nagoya (acceso a los recursos genéticos y participación de sus beneficios) y el Protocolo de Cartagena, la Convención de Ramsar sobre humedales, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y la Convención sobre la conservación de  aves migratorias y especies silvestres (CMS).

Amarilla2Aquí estamos recordando esta fecha significativa y tenemos un motivo para celebrar, es que justamente el pasado viernes 5 de junio, el Senado estaba votando en el marco de la Ley de Urgente Consideración la creación del Ministerio de Ambiente. Esto claramente resulta una jerarquización del tema ambiental, resulta el cumplimiento de compromisos electorales que fueron aprobados por la ciudadanía en las urnas. Este Ministerio de Ambiente nace con la bendición popular de la gente que aprobó en las urnas la propuesta sobre la necesidad de su creación.

El tema ambiental, las problemáticas socio-ambientales, el imperativo de cuidar nuestros recursos para las próximas generaciones, la necesidad de contribuir al Desarrollo Sostenible nos hace dar este paso trascendente hacia la una nueva Secretaria de Estado. Dos cosas importantes que debemos aclarar, primero que no es un fin en sí  mismo sino que es una herramienta que la sociedad se da para ejecutar la política ambiental del Estado y coordinar con las demás instituciones, organismos, academia, sociedad civil, actores privados, comunidades, etc. Segundo, que este hito sigue siendo parte de un proceso, un paso más que avanzamos y al que seguramente debemos agregarle recursos, nuevas herramientas legales, nuevas competencias y sobre todo estrategias para que las políticas ambientales y de desarrollo sostenible sean cada vez más efectivas a la hora de evaluar el estado real de nuestro Uruguay Natural.

Esto no es un hecho menor sino que crea una nueva institucionalidad acorde al Siglo XXI y a su nueva normalidad; que jerarquiza a la gestión ambiental y busca tornarla más eficiente y coordinada en todos los niveles, nacional, departamental y local.

Entendemos que el compromiso con el cuidado del ambiente tiene que asumirse desde el nivel político, gerencial, de tomadores de decisiones pero indefectiblemente también por los propios ciudadanos –muchas veces organizados formalmente- que deben ser considerados como aliados estratégicos de la gestión.

Hacia el Estado Ambiental de Derecho

La construcción del Estado Ambiental de Derecho, que es la nueva forma en que aquella organización política de la modernidad que es el Estado nacional, que empezó siendo el Estado que debía asegurar la libertad con el Estado liberal; luego asegurar la justicia social con el Estado social,  debe  hoy en el S XXI, asegurar la sostenibilidad y la fraternidad hacia todo lo viviente, hacia la creación y al sostenimiento de la base Ecosistémica de la vida en el Estado Ambiental de Derecho. Forma estatal que no niega los valores de las formas anteriores sino que las proyecta y asegura supervivencia procurando su ajuste continuado a la base ecosistémica.

Nuevas instituciones, nuevos procedimientos y nuevas prácticas políticas y gubernamentales deben estructurarse para hacer efectiva esa sinergia y coordinación entre los procesos naturales y políticos.

Nuestra nación fue condicionada desde el origen de la historia por su pradera, su fértil suelo, su rico patrimonio de agua dulce disponible tanto en el suelo como en el subsuelo, y esta realidad ha predispuesto al Estado a regir una sociedad con especial sensibilidad a la naturaleza. Desde el año 1990, venimos construyendo la institucionalidad de respuesta y puede celebrarse que la manera más clara de responder al llamado a la acción que la consigna del 2020, del Día Mundial del Medio Ambiente implica, ha sido la decisión del Senado creando el Ministerio de Ambiente. Seguramente refrendada que sea esa decisión por la decisión unánime de la Cámara de Representantes debe comenzar la tarea de complementar nuevas instituciones, con nuevas políticas para encauzar el encuentro de la defensa del equilibrio de los procesos naturales, con la defensa del equilibrio del desarrollo necesario de las sociedades humanas.

Si hay una política que necesariamente debe ser de Estado es la política ambiental, porque es una política que tiene como objetivo principal ese desarrollo sostenible, que prioriza a las futuras generaciones y cuidar entre todos esa distinción con la que nos queremos conocer en el concierto de naciones, que no es otra que la del Uruguay Natural.