Daniel Martínez (FA) en modo metamorfosis: Seducir a quienes antes denostó

Daniel Martínez

por Marcelo Márquez.

Según la definición de Wikipedia, la palabra Metamorfosis deriva del griego μεταμόρφωσις metamórfosis, y quiere decir ‘transformación’,​ de μετα- (meta-), “cambio” + μορφή (morfe) “forma”.

Asimismo, “muchos insectos, anfibios, moluscos, crustáceos, cnidarios, equinodermos y tunicados sufren metamorfosis, la cual generalmente está acompañada de cambios en hábitat y comportamiento”.

Y al conocerse los resultados del domingo 27 de octubre, en donde el Frente Amplio no quedó muy bien parado, Martínez apela a la “metamorfosis política”.

El cambio en su comportamiento es parte misma de esa metamorfosis: ahora necesita seducir a quienes, durante años su fuerza política, y él, al menos en los últimos meses como candidato, despreció, cuando no denostó en pensamientos y palabras que emergieron desde su boca.

“Hoy todos somos Batlle, todos somos Wilson, todos somos Seregni, porque eso significa defender el futuro de un Uruguay de riqueza, pero también con justicia”, dijo Martínez en la noche del mismo 27 de octubre en un intento de procurar enamorar a los votantes de los partidos tradicionales.

Pero la realidad del camino transitado hasta las elecciones nacionales es otra: Martínez y el Frente Amplio se empecinaron en cuestionar duramente a los partidos de la oposición, asociándolos constantemente con el pasado, con la “herencia maldita” que los perseguirá por los siglos de los siglos.

Como si fueran los responsables que los jóvenes no avancen en la calidad en la educación (salvo la “isla” denominada UTEC o el avance que significó el Plan Ceibal), o que los blancos y colorados, también sean los responsables que en el año 2018 se constatara el récord de 414 homicidios, o que el déficit fiscal aumentó y se ubicó en 4,9% del PBI.

Son muchas las muestras de un discurso de Martínez que ha sido poco amigable con los partidos tradicionales, y por ende, a sus votantes. Discursos pensados más para la tribuna, pero cuando uno se erige con la eventualidad de conducir los destinos y se pone a la consideración del referéndum ciudadano, la tribuna, siempre, tiene que ser más amplia.

En su discurso al ser proclamado como candidatos del FA en la Convención Nacional, el 17 de agosto, afirmó que “la oposición lleva 14 años intentando instalar la idea de que está todo mal. Sin duda tenemos muchas cosas para corregir, pero buscar imponer la idea del desastre es simplemente construir una realidad paralela con un único objetivo: intentar impedir una nueva victoria del Frente Amplio para volver a imponer las prácticas conservadoras que se aplicaban antes de nuestros gobiernos!”.

Para Martínez, está claro: Batlle y Wilson imponían “prácticas conservadoras”.

Y agrega Martínez, “en los últimos años los vientos externos han cambiado, tanto por la situación global como por la crisis de la región. En este nuevo contexto, el Frente Amplio ha demostrado que sabe conducir el país no sólo con condiciones externas favorables sino también cuando son muy adversas. ¿Los partidos de la oposición pueden decir lo mismo? ¿Cuál ha sido su experiencia en los tiempos turbulentos? ¿En qué estado dejaron al país durante la crisis del 2002?”.

No tengo la menor duda que la ciudadanía castigó a lo malo que hubiese existido en las malas administraciones de los partidos tradicionales, y por solo poner un ejemplo: las prácticas clientelísticas.

Pero Martínez omite que las crisis en la región –esas que hoy afectan al  gobierno del FA- también le dieron un golpe casi mortal a la administración de Jorge Batlle, que, al final de su gobierno empezaba a mostrar números positivos. Claro, es cierto, se había caído muy abajo.

En el mismo discurso, el candidato del FA, se pregunta, “por más que digan lo contrario, ¿qué garantías tenemos de que no habrá retrocesos?

No, no estamos viviendo en un país en ruinas. Ruinoso era el país de la pobreza, la profunda desigualdad, la falta de derechos, la desocupación, el descalabro económico, el país que teníamos cuando gobernaban los partidos que hoy están en la oposición y que gobernaron siguiendo las mismas recetas que hoy nos vuelven a proponer”.

Martínez, garantías de avances o retrocesos, para los creyentes, sólo Dios las puede dar.

Ahora, pase raye, y aplique el peine fino: el retroceso ya se está concretando en el gobierno que usted es el abanderado de la continuidad: en los últimos cinco años se perdieron cerca de 60.000 puestos de trabajo; sólo en el año 2017 existieron 117 empresas que se presentaron a concordato, y 111 en el 2018 (en el nefasto 2002 habían sido 224).

Tampoco es buena consejera la soberbia de creer que el país se refundó en el año 2005. Martínez dijo que los partidos tradicionales tuvieron “70 años de changüí para cambiar el país y no lo hicieron”. Así lo consignó la diaria el 21 de setiembre de 2019.

Parece que en esta ocasión, al abrir su boca –y ¿su pensamiento?- no estaba pensando ni en Batlle ni en Wilson

Por otra parte, Martínez “no ve una propuesta” de la oposición. “No se les cae una idea ni a garrotazos”. Diario Cambio de Salto y reproducidas el sábado 19 de octubre por lr21.com.uy

No solo que ignora –y ningunea- las 900 propuestas y lineamientos del programa del Partido Nacional, sin contar los aportes de las otras colectividades políticas.

El propio Martínez manifiesta días atrás en el diario El Observador que “hay propuestas de Talvi que se parecen más a las nuestras que a las de Lacalle”.

Por tanto, reconoce que existen propuestas del Partido Nacional y del Partido Colorado, en este caso, lo que se contradice totalmente con “no se les cae una idea ni a garrotazos”.

La tarea de Martínez, será ardua, y mucho más difícil si debe desdoblarse al punto de ya no ser el mismo, de cambiar su comportamiento –como la metamorfosis- y de volver a enamorar a quien ya denostó y que con “despecho cívico” hoy le da la espalda, y que en sus emociones, más que votar un proyecto del FA con sus luces y sombras, hoy quiere botarlo.

Fuente Imagen: telenoche.com.uy