Oscar A. Bottinelli: “El arte de armar una coalición”

Factum

“El arte de armar una coalición” es el título de la columna de Oscar A. Bottinelli (Factum), difundida en el diario El Observador.

“Esta vez las dos fórmulas van en competencia libre, en dos estrategias diferenciadas: una a la búsqueda del armado de una coalición, entendimiento o apoyatura multipartidaria; la otra a la captación libre de los votantes […] hoy la dificultad es que la coalición ya no puede ser bipartita sino requiere esencialmente de tres partes relevantes: el partido del candidato (Nacional) y dos diferentes a coaligar: el Colorado y Cabildo Abierto.

Lo fuerte y lo débil de coalición plena o sumatoria de bilateralidades

Este es el segundo balotaje realmente competitivo en la corta historia del nuevo sistema de elección presidencial, el otro fue el de 1999. Porque en los dos anteriores (2009, 2014) el resultado estaba predeterminada por la obtención de mayoría parlamentaria total o parcial del partido más votado, lo cual hizo que fuesen “balotajes técnicos”, con plena certeza del resultado. Esta vez las dos fórmulas van en competencia libre, en dos estrategias diferenciadas: una a la búsqueda del armado de una coalición, entendimiento o apoyatura multipartidaria; la otra a la captación libre de los votantes. Por orden, primero corresponde ver el tema de la apoyatura multipartidaria.

Una coalición tiene como elemento esencial la calidad de puntual, de perseguir un objetivo concreto en un periodo temporal específico. Ello lo diferencia claramente de las alianzas, que se basan en objetivos más profundos y periodos temporales indeterminados (como lo fue el Frente Amplio antes de devenir estructural y sociológicamente en partido, o lo es hoy Unidad Popular).

Las coaliciones pueden ser electorales, gubernativas, parlamentarias o legislativas, o la combinación de varias de ellas. La coalición electoral busca el logro específico de un resultado votacional. La coalición gubernativa supone la coparticipación en la responsabilidad de gobierno de todos los coaligantes. La coalición legislativa implica la apoyatura a un paquete fundamental de leyes, y en particular a las normas presupuestales. La coalición parlamentaria supone necesariamente una coalición legislativa, pero va más allá, pues implica el apoyo político al gobierno y a sus ministros, y el navicert para la designación de la administración autónoma. Una coalición plena abarca las cuatro variantes.

En 1999 entre el Partido Colorado (segundo) y el Partido Nacional (tercero) se acordó una coalición plena y de manera formal. La cual funcionó como: uno, coalición electoral y obtuvo el triunfo de la fórmula Batlle Ibáñez-Hierro López (aunque con pérdida de varias puntos porcentuales sobre la base electoral de los coaligantes); dos, coalición parlamentaria y legislativa que duró todo el periodo; tres, coalición gubernativa que duró la mitad del mandato presidencial. Fue fácil de articular por la coincidencia de tres líderes potentes: Jorge Batlle Ibáñez, Julio María Sanguinetti y de manera decisiva Luis Alberto Lacalle Herrera.

Desde el punto de vista estructural fue fácil; quizás la única dificultad fue la necesidad del candidato presidencial de pactar por separado con el ex precandidato blanco Juan Andrés Ramírez, que se retirara luego de las elecciones internas y en ruptura con Lacalle. Desde el punto de vista político la mayor dificultad hoy no existe, porque entonces por primera vez en la historia del país hubo que convocar a un electorado tradicional (blanco) a votar al histórico adversario; para colmo, pedir el voto a un Batlle, la dinastía opuesta a la dinastía de los de Herrera. Han transcurrido tres balotajes y cuatro conjuntos de elecciones departamentales como para que el cruzamiento de voto haya diluido la dura frontera tradicional.

En cambio hoy la dificultad es que la coalición ya no puede ser bipartita sino requiere esencialmente de tres partes relevantes: el partido del candidato (Nacional) y dos diferentes a coaligar: el Colorado y Cabildo Abierto. La proporción de votos en 1999 fue de 3 a 2 entre uno y otro partido; hoy es casi de 3 a 2 entre el partido de la candidatura y los dos otros partidos sumados, o de 3 a 1 entre la candidatura y cada uno de los potenciales socios por separado.

Si algo es claro es que el funcionamiento de un binomio es completamente diferente al de una triada, especialmente cuando el convocante Lacalle Pou debe hacer de convocante y de articulador. El mayor problema es la percepción de que la presencia de alguno pudiere generar costos en la presencia del otro; además de las naturales dificultades de adhesión de los electores refractarios a la candidatura presidencial tanto en colorados como en cabildantes. Pero además, la conformación no se agota en los tres partidos relevantes, sino que se extiende al Partido Independiente y a Novick, cada uno de los cuales puede hace un aporte muy pequeño que puede resultar decisivo.

Ahora bien. Una coalición es una armazón en que todos los coaligados se deben sentar a la misma mesa, se consocian tanto en base a unas bases programáticas comunes como hacia la co-conducción del gobierno. Es el mensaje más sólido hacia la ciudadanía de que habrá un gobierno firme, estable, con la misma fortaleza de un gobierno monopartidario. Es también el que electoralmente presenta mayores riesgos de generar disconformidades y rechazos.

Si no hay mesa con todos los comensales sentados juntos, no es una coalición. Entonces, se va a otra arquitectura. La de un partido gobernante (o pretendiente a gobernar) que establece acuerdos separados con cada uno de los que convoca a actuar como socios, pero en una constelación de acuerdos bilaterales. Más allá de que los acuerdos partan de la base de bases programáticas comunes, la endeblez del entendimiento es estructural. Porque supone que el ejercicio del gobierno será una serie sucesiva de negociaciones bilaterales en que el partido del presidente, o el propio presidente, o su(s) vicario(s), oficien de articuladores. Esta endeblez estructural puede superarse si ya sentados en el gobierno, la sumatoria de pactos bilaterales devienen en un pacto colectivo y en una consociación de todas las partes; vale decir, esta sumatoria deviene en coalición de gobierno y parlamentaria.

Lo contradictorio es que la presentación de una coalición plena es una buena carta electoral para dar certezas de gobernabilidad por la gran mayoría del periodo, pero a su vez levanta los recelos sobre la presencia de uno u otro comensal. Y por el contrario, la articulación de pactos bilaterales reduce los recelos pero aumenta el mensaje de endeblez. Por aquí andan las fortalezas y debilidades de la fórmula presidencial segunda en número de votos y primera en probabilidades de éxito”.