PCU: “Hay que organizar la fuerza política y social capaz de enfrentar esta agenda regresiva”

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Con el título “La perspectiva es de unidad y lucha”, el Comité Central del PCU, reunido los días 30 de noviembre y 1º de diciembre de 2019, en la sesión Eduardo Bleier, analizó el resultado electoral, considerando que “hay que organizar la fuerza política y social capaz de enfrentar esta agenda regresiva”.

Según el PCU “la siguiente declaración buscar ser un aporte para abrir un debate con nuestro Frente Amplio y todo nuestro pueblo sobre el mismo y las perspectivas que se abren. También son aportes a ese proceso las resoluciones del XXXI Congreso del PCU y las resoluciones que durante la campaña electoral hemos hecho públicas.

El resultado del 24 de noviembre, con la elección de Luis Lacalle Pou como presidente de la República, implica una derrota de las fuerzas de izquierda y populares. La elección nacional es un momento de síntesis política e ideológica de la sociedad y esa síntesis es de retroceso para la

perspectiva emancipadora. Asumirá el gobierno la fracción más conservadora de los sectores del poder, será un gobierno del gran capital, con un sustancial peso de los sectores vinculados al agronegocio. En la campaña electoral se expresó toda la fuerza concentrada del poder económico, financiero, mediático; más la acción concertada de la derecha social y política y la contraofensiva mundial y continental del capital y el imperialismo, de enorme intensidad en nuestro Continente.

Pero el resultado electoral no tiene una explicación lineal, debe ser abordado en toda su complejidad y como parte de un proceso. La lucha por la transformación y la emancipación social es histórica, y es imprescindible valorar el resultado y sus implicancias en esa perspectiva.

El poder y la derecha se propusieron desplazar del gobierno al Frente Amplio y lo consiguieron.

Pero no era su único objetivo, también trabajaron con todos sus recursos, que son muchos, para barrer electoralmente al Frente Amplio y dejar desmovilizado y aislado al movimiento popular. Esto era sustancial para asegurarse la mínima resistencia para la aplicación a marcha forzada de su ajuste restaurador.

No lo lograron. Lacalle Pou ganó por un punto y medio porcentual, en el resultado más ajustado de la historia del balotaje. Será el único presidente que no alcanzó un 50% en la segunda vuelta electoral. Logró unir a toda la derecha social y a una coalición de cinco partidos, con un peso inédito

de la ultraderecha, con componentes de rasgos fascistas. Pero como quedó demostrado en la propia campaña electoral, no hay que confundir a los líderes de los partidos de derecha con sus votantes.

Con todo eso, Lacalle Pou pudo ganar solo por ese estrecho margen. Esta afirmación no pretende restar legitimidad a su investidura pero sí dejar claro que su peso político, y el de la coalición de derecha que lo respalda, es ese.

El Frente Amplio, la izquierda, el movimiento popular, no salen vencidos de esta elección. Y no salen vencidos porque mostraron el enorme potencial transformador de su unidad, de su militancia y el valor del FA como herramienta política.

La militancia frenteamplista y popular jugó un papel decisivo en toda la campaña electoral y, en especial, hacia el balotaje. La coalición de derecha perdió 200 mil votos en 27 días, eso fue por varios factores pero el fundamental fue el trabajo militante de decenas de miles de hombres y

mujeres, con un gran protagonismo juvenil, con un papel central de los Comité de Base del FA y con el aporte de mil formas de participación, que en todo el país salieron a debatir y convencer a nuestro pueblo, casa por casa, voto por voto, apoyando a la fórmula de Daniel Martínez y Graciela Villar. El FA sale como la principal fuerza política del país y, sobre todo, con importantes espacios de reencuentro con el movimiento popular. Mantener y desarrollar esto es clave.

Hay que valorar esto en su justa dimensión, pero a la vez son imprescindibles la franqueza y la fraternidad para encontrar las razones del retroceso y los caminos para superarlo.

Es incuestionable para cualquier análisis honesto que los gobiernos nacionales del Frente Amplio y la lucha popular generaron un Uruguay más libre y más igual, más democrático.

También lo es que no alcanza con gobernar bien, que las transformaciones sociales tienen al pueblo como raíz, que el gobierno no es el poder y que la construcción de una nueva hegemonía política e ideológica es una tarea que no puede ser subestimada.

Es necesario abrir un proceso de autocrítica que abarque la gestión de gobierno; la campaña electoral; el papel del Frente Amplio, de su dirección y de sus formas de relacionarse con el movimiento popular y con la sociedad; y también del propio movimiento popular.

Ese proceso no se puede hacer entre cuatro paredes, es con la militancia frenteamplista y popular, en los barrios, en la calle. Tampoco alcanza solo con generar espacios de debate, implica construir la práctica política y social superadora de lo que sea criticado. La unidad del Frente Amplio, y la social y política del pueblo, son una conquista estratégica que hay que preservar pero su construcción implica el debate franco y abierto para fortalecerla y desarrollarla.

Es necesario evitar mensajes y señales que no contribuyen a este proceso de encuentro con la militancia frenteamplista y popular. No es momento de nombres y de apuradas candidaturas. Es momento de escuchar, asumir errores, corregir, defender la unidad y organizar la lucha social y política.

La perspectiva que se abre es de unidad y lucha. La coalición de derecha intentará imponer su agenda restauradora, ahora desde el gobierno. No hay lugar para falsas expectativas: el ajuste, el recorte de derechos y la concentración de la riqueza serán el sino de las acciones de gobierno,

también el alineamiento con EEUU y las provocaciones contra los procesos populares del Continente, a eso vienen y eso es lo que promueven los sectores sociales que componen la coalición de derecha. La Ley de Urgente Consideración y la Ley de Presupuesto serán dos instrumentos clave.

Hay que organizar la fuerza política y social capaz de enfrentar esta agenda regresiva, en el Parlamento y en toda la sociedad, y también lanzar una ofensiva política con el Programa del Frente Amplio, que sigue siendo justo y necesario, y las iniciativas que surjan de las organizaciones populares, construyendo mayorías sociales y políticas para seguir conquistando libertad e igualdad.

Otro momento importante será la convocatoria a los Consejos de Salarios, ante el vencimiento de varios convenios colectivos en los primeros meses del año que viene.

En ese cuadro se inscriben las elecciones departamentales y municipales de mayo, en las que habrá que defender los gobiernos frenteamplistas y conquistar nuevos espacios para fortalecer la perspectiva popular.

La confrontación entre dos proyectos de país, la lucha por la libertad y la igualdad, es decir el fortalecimiento de la democracia, no entran en cuarto intermedio hasta la próxima elección. No se puede postergar la lucha por el trabajo, por el salario, por las jubilaciones y pensiones, por la vivienda, por la salud, por la educación pública, en defensa de las empresas públicas, contra la violencia de género, por la verdad y la justicia. Eso y no otra cosa es lo que une al Frente Amplio con el movimiento sindical, el estudiantil, el feminista, el de los derechos humanos, el de los jubilados y pensionistas.

Las y los militantes del PCU y la UJC, han estado en la primera línea del gigantesco esfuerzo desplegado en esta elección. La gran votación, recogida en junio y en octubre por la 1001, el espacio construido en torno a la candidatura de Oscar Andrade, las ideas y la metodología impulsadas en la campaña, la representación parlamentaria alcanzada, implican una enorme responsabilidad que asumimos con orgullo.

Saldremos de inmediato a recorrer todo el país, a dialogar con la militancia, a reunirnos y compartir esta reflexión con todos los sectores con los que construimos el espacio común en torno a la candidatura de Oscar Andrade. Lo mismo con nuestro Frente Amplio.

También con las organizaciones del movimiento popular, porque la perspectiva de lucha es común.

Somos parte del balance autocrítico que proponemos, el 100 aniversario del PCU y su próximo XXXII Congreso los concebimos como un aporte a ese proceso, necesitamos un PCU y una UJC más grandes, más organizados, con más incidencia en la sociedad, para aportar mejor a la lucha de

nuestro pueblo. Comprometemos todo nuestro esfuerzo para estar a la altura del momento histórico.

Culminamos reiterando nuestro reconocimiento y saludo a las miles de compañeras y compañeros que se pusieron la campaña al hombro y demostraron el valor de la militancia y la acción colectiva para cambiar la realidad.

El desafío es construir el tamaño de pueblo organizado capaz de resistir la restauración conservadora, y, con unidad y lucha, abrir caminos para avanzar en democracia. En eso estaremos, cada día, las y los comunistas”.