Proyecto de ley propone votar a partir de los 16 años y asumir como Diputado a los 23 años

voto joven

Un proyecto de ley propone que se pueda votar a partir de los 16 años, y que se pueda acceder a la Cámara de Representantes con 23 años, y que la ley constitucional sea sometida a plebiscito con las elecciones del 2019.

El texto de la iniciativa, a la que accedió 2019.com.uy lleva la firma de los diputados del Partido Nacional, Alejo Umpiérrez, Rodrigo Goñi Reyes, y Gloria Rodríguez.

Compartimos su articulado y buena parte de su exposición de motivos.

PROYECTO DE LEY.

Artículo 1º.- Sustitúyese el numeral 3°) del artículo 80 de la Constitución de la República, el que quedará redactado de la siguiente manera:

“3º) Por no haber cumplido dieciséis años de edad”.

Artículo 2º.- Sustitúyese el artículo 90 de la Constitución de la República,  el que quedará redactado de la siguiente manera:

“ARTÍCULO 90.- Para ser Representante se necesita ciudadanía natural en  ejercicio, o legal con cinco años de ejercicio, y, en ambos casos, veintitrés  años cumplidos de edad”.

Artículo 3º.- La presente ley constitucional será sometida a plebiscito de ratificación el domingo 27 de octubre de 2019.

Artículo 4º.- Una vez promulgada la presente modificación constitucional,  por la Asamblea General, la Corte Electoral deberá reglamentar el ejercicio  de la misma en un plazo de 180 (ciento ochenta) días.

El Uruguay y el mundo no son lo que hace cien años. Las nuevas tecnologías y los medios de comunicación han cambiado la faz del

planeta y por ende la sociedad. Dentro de la sociedad los jóvenes ya no son  los jóvenes de antes. A edades cada vez más tempranas interactúan en  sociedad no solo estudiando y formándose, sino laborando, formando empresas, muchas de ellas de vanguardia en áreas como la tecnología cuando son apenas adolescentes y aportando por lo tanto a la riqueza del país.

No podemos seguir escondiendo ni retaceando derechos que ya se ha ganado ese núcleo por su propia acción social.

Extrañamente en Uruguay pueden casarse las personas al alcanzar la edad fijada en 16 años (art.  91  num. 1 del C.C., en la redacción dada por la Ley  Nº 19.075. art. 26), como si ello no significara poca responsabilidad -nada  menos que formar una familia-; pueden con menos de 18 años trabajar para ayudar a su hogar y a su propio sustento y tienen el derecho exclusivo al manejo de su peculio profesional proveniente de su trabajo o industria (art. 266 num. 2 del C.C.).

Pueden por lo tanto pagar impuestos y contribuciones a la seguridad social pero no pueden elegir a quienes definen los tributos que deberán pagar.   Pueden ser contribuyentes pero siguen con su ciudadanía en suspenso.

Van a una educación y a centros educativos sobre los que opinan sus mayores pero ellos no tienen voz en  términos electorales.

Si bien el mundo se ha actualizado nuestra arquitectura institucional, entre  ellas la que permite elegir a nuestros representantes, va en rezago.

¿Qué argumentos pueden militar hoy para negar el derecho al voto a los 16  años? Ninguno. Acaso, ¿no estarían debidamente formados? O quizás, ¿no  tienen madurez suficiente para decidir? Desde algunas visiones fósiles de  la política se cree que esto favorecería automáticamente a sectores políticos  e ideologías determinadas. Pero no se piensa en lo realmente importante en una democracia: la construcción de ciudadanía y la escuela del civismo que incluye e incorpora individuos al sistema democrático y los integra al mundo de las decisiones ciudadanas. Es desafío de los partidos luego tratar de recoger su preferencia.

Las respuestas a estas interrogantes son sencillas. ¿Acaso ha hecho alguien  una estadística de cuantos mayores de 18 años se hallan formados” cívicamente para votar a conciencia?, ¿cuántos conocen de economía, educación, vivienda, etc. como para decidir concienzudamente el destino de un país?, ¿acaso hay una prueba de ingreso al ejercicio de la ciudadanía  que sea impedimento dirimente para acceder a ella?; ¿se revalida la

misma cada tanto?, ¿no sabemos acaso que muchos votan por favores, por clientelismo o aún algunos siendo analfabetos y sin que nadie pretenda  conculcar sus legítimos derechos? Si esa fuese la línea de razonamiento para negar el derecho del voto a la masa de jóvenes de entre 16 a 18 años iremos sin escalas al voto censitario, ya sea por niveles educativos, ingresos, etc.

La visión que los jóvenes responden a determinadas cosmovisiones del  mundo forma parte de una concepción sesentista de la acción política que  afortunadamente empieza lentamente a disiparse. La realidad es muy otra.  Los jóvenes de hoy son desconformes y lo serán frente a un gobierno de  izquierda o de derecha. Lo son porque su disconformidad es biológica y  está bien que así lo sea. Son ellos la levadura de la sociedad para que ella mude. Lo son en la tecnología, en la cultura, en el trabajo, en las artes y también en la política. Pero en este último aspecto no se casan con nadie sino con aquellos que puedan satisfacer sus expectativas y canalizar sus inquietudes.

Pero lo peor que esa pequeña visión descarta -como lo expresamos- la visión y dimensión institucional del tema -y por qué no demográfica  también-, destinada a rejuvenecer un mundo donde los adultos por el simple aumento de la expectativa de vida y la inversión de la pirámide  poblacional pesan cada vez más en el calendario e imaginario social que los propios jóvenes y su problemática. En ese contexto los actores políticos  se  sienten tentados a pensar más en las necesidades y aspiraciones de los  núcleos más envejecidos de la sociedad en lugar de dirigir su mirada  también hacia la juventud; peligrando el país a perder una posibilidad de rejuvenecer el accionar político y de obtener la frescura del abordaje de los jóvenes no solo de su propia problemática sino de todo el espectro de los temas que importan a la sociedad.

Cambiar la ecuación del cuerpo electoral incorporando a jóvenes de entre  16 y 18 años hará que la sociedad preste más atención a los problemas que  sufre ese sector desde la educación hasta el desempleo. Sus votos contarán.

Muy posiblemente tienen los jóvenes de 16 años más que decir sobre la  sociedad futura a construir que un hombre de 90 años. Casi sin duda tendrá  más información a mano y estará más aggiornado con el mundo el primero que el último. Sin embargo este último tiene un derecho que el otro carece.

Y creemos que ese derecho asiste a ambos. El derecho al voto no generará  ni conciencia ni participación política por su solo otorgamiento; pero sí  dará una herramienta de inclusión a los jóvenes para integrarse al proceso  democrático, ese que domestica espíritus y canaliza rebeldías. Regenera el  aporte vital a una sociedad envejecida.

Esta propuesta que hoy traemos al seno del Parlamento comienza a abrirse espacio en el mundo lentamente. En Austria, país pionero, desde 2007 se puede votar desde los 16 años (art. 26 de la Constitución), al igual que en Chipre. El 23 de junio de 2011 la Comisión Europea emitió una  recomendación llamando a fijar la edad para votar en 16 años. El Parlamento Europeo el 12 de noviembre de 2015 aprobó un informe que llama al voto a los 16 años. El referéndum separatista que movilizó Escocia  en 2014 también habilitó el voto de los mayores de 16 años.

En América del Sur, la Constitución de la República Federativa de Brasil de 1988 (art. 14 num. VI lit. c) y la Ley N° 26.674 de Argentina de 2012 prevén el voto facultativo (no obligatorio) entre los 16 y 18 años.

Por otra parte se ha ido operando una rebaja de la edad en el sentido  señalado a nivel de elecciones de gobiernos municipales, regionales o provinciales en varios estados de Alemania, cantones Suizos, comunas  Noruegas así como en Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina.

Si rebajamos la edad para el ejercicio del voto en el entendido de todos los  argumentos expresados, en concomitancia con lo referido debemos rebajar  la edad para poder acceder a la Cámara de Representantes, por lo que  proponemos la edad de 23 años al momento de asumir y no los 25 años actuales.

La idea inicial de este proyecto, cuando lo concebimos años atrás, era  además de generar derechos, atribuir también a los jóvenes las responsabilidades propias de la vida en sociedad, como es la rebaja de la edad de inimputabilidad a idéntica edad en que se puede ejercer la ciudadanía.

Hoy momentáneamente está laudada en vía plebiscitaria la situación respecto de la responsabilidad penal a partir de los 16 años y entendemos que no es pertinente incursionar en un tema de reciente fallo ciudadano, sin perjuicio de la profunda convicción que tenemos sobre ese tema respecto del cual entendemos que solo militan en su contra prejuicios ideológicos.

De todas maneras el fundamento de la rebaja de la edad para el ejercicio  del derecho de voto y la disminución de la edad para poder ser diputado  entendemos que siguen -y cada vez más- vigentes y motivan la presentación del presente proyecto de ley.

Creemos que por lo tanto se le plantea al país una posibilidad más de ponerse a la vanguardia de cambios que lo han caracterizado desde los lejanos tiempos de la abolición de la esclavitud hasta el día de hoy.

Fuente Imagen: hectorduso.blogspot.com.uy