Sanguinetti al ruedo por el PC y la República, Larrañaga recoge firmas por seguridad en una parada riesgosa y desafiante, y el gobierno ajusta su mirada

Julio María Sanguinetti

por Marcelo Márquez. A partir de este domingo 27 de mayo, comenzamos a compartir la columna “La Semana en 2019.com.uy”, un espacio de reflexión y análisis sobre los hechos políticos más salientes de los últimos siete días.

Dos veces Presidente de la República, conferencista internacional, ya con 82 años de vida (aunque se encuentra sumamente lúcido), muchos se han preguntado, ¿qué necesidad de salir nuevamente al ruedo y la batalla política en la primera línea? Teniendo tantas cosas para disfrutar, ¿por qué salir a agitar las aguas de la resurrección de un Partido Colorado que, con el debido respeto, en lo que concierne a la eventualidad de ganar las próximas elecciones, está muerto?

Las razones pueden ser varias: por un lado, Sanguinetti nunca se retiró totalmente de la vida política. Por otro lado, también quiere dejar un legado de su vida política en aras de los intereses futuros del Partido Colorado, independientemente o no, de los errores que todos cometemos en nuestro accionar.

Es también una reacción a hechos que suceden el vida interna de las colectividades (que no necesariamente siempre salen a luz de la opinión pública), en donde, al tocarse ciertos resortes afectivos que refieren a la mística personal y familiar del involucrado, lo sublevan a lanzarse al ruedo para combatir también “injusticias” y para dejar en claro su papel de caudillo de la colectividad.

No es menor que importantes referentes de la colectividad –muchos de los cuales le acompañaron en sus gobiernos- se hayan dirigido como colectivo a pedirle un esfuerzo más, por el Partido, pero también por la República.

Allí también radica un tema central: Sanguinetti y muchos exponentes colorados y de otros partidos políticos, sienten, con diferentes pasiones, que también está en juego los intereses de la República, y de evitar que, en un futuro, con una nueva eventual mayoría del Frente Amplio, pueda modificarse la Constitución, y por ende, aproximarse a procesos más similares a la Venezuela de Chávez primero y de Maduro después, con el objetivo de la coalición de izquierda de perpetuarse en el poder.

El gran desafío

Sin dudas será su gran tema de campaña: la recolección de firmas para reformar la Constitución en materia de seguridad pública.

Jorge Larrañaga considera que es el momento de asumir riesgos, y procurar dar vuelta la pisada en la interna blanca y en la adhesión ciudadana en general.

Su primer gran riesgo fue decir claro y con todas las letras que los militares deben salir a la calle para participar activamente en contra de la delincuencia.

En un país, culturalmente con un fuerte espíritu anti-militarista en función de los sucesos de la dictadura militar, las heridas que aún no cicatrizaron, y una cultura de izquierda que ha incidido desprestigiando a las Fuerzas Armadas (más allá del papel conciliador de Eleuterio Fernández Huidobro en su momento, la participación de los militares en Misiones de paz en el extranjero, y las crecientes actividades de apoyo y contacto positivo con la sociedad), promover que las mismas ocupen un papel más activo en seguridad, es, al menos, riesgoso.

Con esta postura, Larrañaga quedó –si lo medimos con los términos ideológicos tradicionales- más a la derecha que el líder de Todos, Luis Lacalle Pou, hoy mayoría en el Partido Nacional, quien aboga por la participación de la policía especializada, la Guardia Republica, y al mismo tiempo es capaz que pregonar, conceptualmente, la necesidad de implementar una seguridad humana, concepto multidimensional del abordaje del problema.

Pero Larrañaga también palpa y olfatea claramente lo que percibimos todos: cada día la inseguridad empeora en los delitos más graves. Lo dicen las encuestas pero mucho más elocuente y dramático que ello, los números de víctimas en manos de la delincuencia –independientemente que muchos de esos casos son calificados de ‘ajustes de cuentas’-, que dejan en el entramado social un retroceso del desarrollo que pueda darse en otras áreas: familias destrozadas, deterioradas, con un incremento del odio y la desesperanza.

Larrañaga sabe que puede concitar el respaldo de miles y miles de compatriotas de todos los pelos políticos dispuestos a hacer algo o al menos, respaldar con su firma a quien propone cuatro cambios: regular los allanamientos nocturnos cuando hay sospecha fundada y con autorización del juez competente; terminar con las salidas anticipadas de la cárcel para los delincuentes culpables de delitos graves (rapiña, violación, homicidio, extorsión, secuestro, copamiento, abuso sexual, trata de personas, tráfico de estupefacientes); crea la pena “Reclusión Permanente Revisable” por los que los delitos gravísimos (violación seguido de homicidio de menores, sicariato y homicidios múltiples) serán penados con 30 años de penitenciaria y, que una vez cumplidos, la Suprema Corte de Justicia decidirá la liberación o no según la rehabilitación del delincuente; y la creación de una Guardia Nacional conformada por 2000 militares para cumplir labores de seguridad pública.

Por su parte, Lacalle Pou ha señalado que no acompañará con su firma, pero, llamativamente, desde sus huestes, el intendente Carlos Enciso (Florida) adhirió al petitorio de Larrañaga, que ya había sido respaldado por los precandidatos nacionalistas Carlos Iafigliola (Adelante), y Juan Andrés Ramírez (Orejanos).

El gobierno

Si todo fuese bien, no habría necesidad de cambiar. Sin embargo, es tiempo de ajuste en materia de seguridad, y así lo entendió el Presidente Tabaré Vázquez.

El mandatario se puso en primera fila y se apresta a definir un conjunto de medidas coordinadas con diferentes secretarías de Estado y organismos. Desde el Ministerio del Interior, la Policía, el Ministerio de Desarrollo Social, la Fiscalía General de la Nación, el Ministerio de Educación y Cultura, y la Secretaría Nacional de Deportes, entre otros.

El ministro Bonomi sigue al frente del Ministerio del Interior, pero, a partir de esta movida presidencial y del papel que está asumiendo el propio Vázquez personalmente, como sucedió al reunirse con la Comisión de Fomento de San Luis, quedará menos expuesto mediáticamente.

Sólo el tiempo nos dirá si las medidas de Vázquez permitieron mejorar el clima de seguridad, si las firmas de Larrañaga se incrementan, y si este tema, terminará colándose con fuerza en las elecciones internas de los partidos, y pesando en los comicios nacionales.

Fuente Imagen: Twitter de Marne Osorio.