Sopas Sartori, el desafío de un outsider híbrido

Juan Sartori

Por Marcelo Márquez. Tiene muchas cosas, pero, ante nada, un gran anhelo: convertirse en el preferido de los nacionalistas para luego tener la posibilidad de erigirse como Presidente de la República si logra vencer en las urnas al candidato del Frente Amplio.

No lo conocía casi nadie en nuestro país: sus familiares, algunos empresarios, ex compañeros de estudio, gente muy informada del mundo empresarial, internacional, o deportiva.

Y ahora se planta en la cancha, una cancha mayor a la del Sunderland, del cual es copropietario: la de aspirar ser el preferido de los uruguayos. Pero, ¿quién es Juan Sartori?, comenzaba apelando, provocativamente, en su campaña publicitaria, de cara a su lanzamiento a comienzos de diciembre.

Y es que pocos lo conocen, aunque ahora, son bastantes más.

Viviendo hace muchos años en el exterior, en el ambiente empresarial, siendo aún bastante joven para la media política (37 años), y con mucho dinero, más allá de que algunos de sus emprendimientos cuentan con importantes deudas.

En un sistema democrático uruguayo tan tradicional y arraigado, cimentado en la fortaleza de los partidos políticos, Sartori viene a representar una especie de outsider híbrido, ya que, si bien es un referente que proviene e irrumpe desde fuera del ámbito político lo hace en una de las colectividades políticas más antiguas del mundo: el Partido Nacional.

Familia

Capítulo aparte, y para nada menor para todo político lo constituye la familia. En esto también, Sartori, posee un ingrediente al que están muy poco acostumbrados los uruguayos: está casado con Ekaterina Ribolovleva, la hija del magnate ruso Dmitri Ribolovlev.

Sartori podrá poseer el mejor carisma y levantarse como un gran líder de multitudes, podrá actuar con eficiencia en el uso de su dinero a la hora de la promoción de su actividad política, podrá tener la mejor campaña publicitaria y de desarrollo de medios (de hecho en este último caso la lleva adelante el equipo comandado por Noelia Franco), podrá jugar un “picadito” de fútbol en la calle, tomar mate con afrodescendiente, escuchar a mujeres de todas las edades, pero, en determinado momento puede llegar a ser significativa –positivamente- su aparición junto a su esposa Ekaterina.

Ante el cuestionario periodístico, y ante la presentación publicitaria del producto ante el mercado electoral, desde siempre, con mayor o menor énfasis, el papel de la familia, su composición, la pareja, sus hijos, están presente y no pueden ser dejados de lado en ninguna campaña (al menos, hasta ahora).

El equipo

Hasta el momento, Sartori no cuenta con el apoyo de dirigentes de primer nivel, más allá del apadrinamiento del ex diputado Alem García, ex presidenciable en algún período, y solo ha sumado el respaldo de dirigentes de nivel medio, algunos muy controvertidos, como el caso del ex diputado Fernando Araújo de Rivera.

“En Melo, la noticia más notoria fue el apoyo del grupo de Mauro Iriart, un veterano caudillo que trabajó con Wilson Ferreira Aldunate que cuenta con experiencia y reputación en Cerro Largo. En Durazno, Sartori recibió el respaldo del dirigente y abogado, Juan Straneo, y en Tacuarembó lo apoyó el médico cirujano Alfredo de Mattos. En tanto que en Rivera, recibió el apoyo del exdiputado Fernando Araujo y el del alcalde de Vichadero, Carlos Ney Romero”, consignaba el diario El País el pasado 18 de noviembre.

¿Y ahora qué?

Desde la primicia del semanario Búsqueda a la fecha ya se han cumplido varias etapas: la sorpresa, la campaña de expectativa, el debate en la interna nacionalista, la presentación oficial, algunas adhesiones de dirigentes intermedios, algunos anuncios publicitarios, presencia en unos pocos medios, ahora le resta la labor crucial y central de todo político que tenga las mayores pretensiones: embarrarse los zapatos en el trille de sur a norte y de este a oeste.

Además de percibir el denominado “fuego amigo” por parte de algunos dirigentes de su colectividad, Sartori también quedó en una posición incómoda al referirse al tema de los desaparecidos, al expresar en la diaria que era un tema “ideológico” y que “cada vez más es menos relevante.”

Ello motivó, tanto discrepancias desde la interna nacionalista como desde el resto del espectro político.

A solo seis meses de la elección interna, un escaso tiempo, los deberes de Sartori son varios: consolidar una estructura, una inversión adecuada y eficiente de su discurso, y en la medida que muchos todavía no conocen ni su voz, su sonrisa, su ‘uruguayez’, salir a dar pelea centímetro por centímetro: en los barrios populosos de Montevideo y del interior, en la respuesta al mediano y pequeño comerciante, en su punto de vista sobre la inseguridad, y en su mensaje hacia el personal encargado de la misma y de la defensa, en la comprensión y respuesta al trabajador que no llega a fin de mes, en una visión clara sobre el modelo educativo, de salud, en un todo. Pero también, llegarle con el mismo idioma a los inversores –segmento al cual conoce-, a los organismos internacionales de crédito, al ciudadano de a pie que se desvive por el pago del alquiler y añora una vivienda propia, al productor agropecuario y al sector cárnico, la logística, el transporte, la industria del software.

A su mirada sobre el medio ambiente y las políticas de sustentabilidad, pero además tendrá que estar preparado para dar respuesta sobre su visión del capital, la lucha de clases, la denominada polémica ‘agenda de derechos’,  la sociedad civil, la política internacional, y el imprescindible debate con el adversario.

Y que decir de la seguridad social, las jubilaciones, el relacionamiento con los sindicatos y las Cámaras empresariales.

Ya se presentó formalmente, tanto en el Partido como a la ciudadanía, empezó en su reclutamiento de dirigentes, jugó el “picado de fútbol”, empezó a escuchar a ciudadanos de algunas ciudades.

Tiene por delante una larga lista de tareas y de etc. por cumplir para que el “¿Quién es Juan Sartori?” solo forme parte del anecdotario.

En suma, le falta ser, aparecer y estar en todos lados: hasta en la sopa.