Y al final ¿se realizarán los debates entre lo candidatos a la Presidencia?

Fernando Amado

La Comisión de Constitución, Códigos, Legislación General y Administración de la Cámara de Representantes sesionó el pasado 3 de abril y recibió al diputado Fernando Amado, quien fundamentó su proyecto de ley sobre la obligatoriedad de realizar debates entre los candidatos a la Presidencia de la República.

PRESIDENTE (José Carlos Mahía). Damos la bienvenida al representante Fernando Amado, que ha sido invitado para ilustrar a la Comisión sobre el proyecto de ley que presentara oportunamente, “Debates entre candidatos a la Presidencia de la República. (Se declara de carácter obligatorio su realización)”.

AMADO (Fernando). “Muchas gracias al señor presidente y a todos los integrantes de la Comisión por darme la oportunidad de disponer de unos minutos para presentar en una breve síntesis el proyecto de ley referido a la obligatoriedad de los debates de los presidenciables.

Este proyecto ya fue presentado en la legislatura pasada y también fui invitado por esta Comisión para exponer al respecto, quizás con menos éxito; en este caso tengo más optimismo.

Estoy convencido de la necesidad de que existan debate e intercambio de propuestas entre quienes aspiran a la primera magistratura. Creo que es un ingrediente absolutamente fundamental, necesario, para el ciudadano, y además, el ciudadano tiene el derecho de ver interactuar a quienes aspiran a la máxima representación del país de manera civilizada, intercambiando ideas, defendiendo sus proyectos de país, sus proyectos de gobierno. En un momento en el que el foco de la atención pública está en una decisión trascendental, que va a marcar los siguientes cinco años, el debate permite al ciudadano, inclusive el que está más alejado de la política, tener un insumo más a la hora de la decisión. No creo que el debate sea el detonante de una decisión, pero creo profundamente que el ciudadano tiene el derecho de contar con ese elemento adicional.

Como señalo en la exposición de motivos, lamentablemente, no ha habido debate, por razones muy uruguayas, propias de nuestro ADN, de la viveza criolla. Esto tiene que ver con esa frase que utilizó el expresidentes Mujica en un acto de honestidad brutal en la elección en la cual él corría como candidato: “Yo debato si me conviene”. Eso es lo que ha sucedido en los últimos años. Se ha dado la lógica de que el que va primero evita

cualquier tipo de debate, por las consecuencias que le puede llegar a generar estar expuesto en un debate. Entonces, se refugia en esa posibilidad de decir: “Yo no debato”.

En otros países eso sería impensable; sería sancionado hasta por la propia

ciudadanía. Nadie podría entender que un candidato a presidente no vaya con total naturalidad a enfrentar a otro candidato para debatir sobre los proyectos y las propuestas para el país.

En nuestro país, creo que en parte por nuestro ADN, el no debatir se hizo carne y cedió para un lado y para otro. En 1999 Jorge Batlle lo utilizó a favor de su situación rumbo al balotaje, y no debatió porque no le convenía, y más adelante hicieron lo mismo Tabaré Vázquez y José Mujica.

Yo creo que hay que cambiar la cabeza. Estoy de acuerdo con el argumento que muchas veces he escuchado: “Estas cosas tienen que pasar por un cambio cultural”. Es un cambio cultural, pero muchas veces un cambio legal ayuda al cambio cultural, y voy a poner dos ejemplos concretos.

En este país, hasta 2005, se vivía la dictadura de los fumadores, y yo lo sufría como no fumador. Iba a un boliche, iba a un bar, a un hospital, a la Casa del Partido Colorado o donde fuera, y como un duque tenía que soportar que los fumadores me fumaran al lado, y cuando muchas veces les pedía por favor que no fumaran en lugares cerrados -a veces hasta por razones médicas-, la respuesta refleja era: “No seas botón”. Esa era la realidad.

Hasta 2005 fue así: era la dictadura de los fumadores en el Uruguay. A partir de 2005, producto de una decisión política, de una política pública estatal, se logró un exitoso cambio cultural. Hubo una muy buena implementación del Estado, con inspecciones para que se cumpliera a rajatabla esa política pública, y al principio se plantearon una cantidad de situaciones; es inevitable resaltar que en los primeros momentos hubo sanciones fuertes. Pero terminó con un cambio cultural. Capaz que hoy, naturalmente, aun si no tuviéramos ningún tipo de ley, a nadie se le ocurriría fumar en un lugar cerrado, fumar en un hospital, fumar en una reunión, y mucho menos atropellar el derecho del otro, que era lo que pasaba.

Ese es un ejemplo de un cambio cultural profundo en poco tiempo, a partir de una política pública muy clara, donde había prohibiciones o reglamentaciones. Lo señalo porque creo que es posible que llegue el cambio cultural con respecto a los debates, pero desde mi punto de vista, por nuestras características, por nuestra idiosincrasia, no va a llegar sin un proyecto de ley como este.

El proyecto es bien simple. Lo hicimos simple para que pudiese ser modificado en la Comisión. Es un proyecto abierto. El objetivo es que haya debate entre los presidenciables. Las características y los detalles de esos debates son trabajables.

Lo que establece el proyecto es, básicamente, que el debate se declare de carácter obligatorio. Se hace énfasis en que el debate tenga una trasmisión en vivo en horario central por cadena nacional de radio y televisión, pero desde que presentamos este proyecto de ley -hace ya varios años- ha habido cambios, y creo que se hace absolutamente fundamental que se contemple todo el sistema de las redes, porque bien se puede pasar por televisión o por radio, pero se puede baipasear en la parte del streaming, y hoy, por muchas razones, miles de uruguayos cada vez más escuchan la radio a través del streaming. Si este proyecto se vota tal como está, cualquier radio podría cumplir con la ley pasando el debate en la frecuencia de radio, pero no en la versión web. Entonces, creo que hay que ajustar el proyecto a la nueva realidad, sobre todo pensando en que haya mayor difusión y facilidad para que todo uruguayo pueda acceder a ese debate.

Se prevé que para que no exista compulsa desde el punto de vista económico, Televisión Nacional Uruguaya dé el apoyo logístico vinculado a la puesta en escena de ese debate, y que los detalles de la organización queden a cargo de la Corte Electoral.

Se hace énfasis en que el debate no sea una mera mesa de exposiciones

individuales de cada uno de los candidatos a presidente sobre distintos temas, sino que por lo menos tiene que haber un bloque, de igual duración que los anteriores, donde haya mayor participación de los moderadores a la hora de preguntar y repreguntar, y más intercambio entre los presidenciables.

Se exige que los moderadores sean periodistas de trayectoria. A lo largo de estos años, y en virtud de opiniones que me han ido llegando, he ido recogiendo algunas ideas que no figuran en el proyecto. Me parece que para la selección de los moderadores, los periodistas que aspiren a serlo se deberían postular, dando esa oportunidad a todos los que se sientan aptos. La Corte Electoral sería la encargada de hacer la selección. Y para

ser equitativo con el interior del país, donde está lleno de periodistas de gran nivel, me han convencido de que sería sano que existiera un equilibrio entre un periodista de fuste de la capital y uno del interior, donde los problemas del Uruguay no se ven de idéntica manera que en Montevideo. El proceso de selección sería instrumentado por la Corte Electoral.

Se señala que los debates deberían fijarse dentro del período establecido en la ley para la campaña electoral, es decir, dentro de los treinta días previos a la primera vuelta y en el período que se habilita para la segunda vuelta.

Por último, aunque no menos importante, se establece una sanción importante. Si la sanción no es importante, no pasa nada. Esto puede hablar muy mal de nuestra sociedad, y mucho más de nuestro mundo político, pero es un dato de la realidad: es verdad que cuando no hay sanción importante, se viola la ley.

Voy a casos concretos. En estos tiempos, un día sí y otro también se viola la veda electoral. Abundan ejemplos de violación de la veda electoral. ¿Por qué se viola? Porque no hay sanción. Como no hay castigo, se viola una, dos, tres, cinco veces. El que siente que está quedando muy en offside trata de buscar la vuelta para que esa violación esté un poco más maquillada, pero igual se termina violando la veda electoral. Alguien puede patalear y hacer un planteo formal, pero es todo.

Entonces, la sanción tiene que ser fuerte y por eso en el artículo 5 se establece que aquellos partidos políticos que se nieguen a participar en los debates no percibirán la contribución del Estado para los gastos de la elección nacional, prevista en el artículo 20 de la Ley N° 18.485.

Estoy convencido de que si los ciudadanos estamos obligados a votar, los

candidatos a presidente, que ya tienen que cumplir con una cantidad de obligaciones que no están en la Constitución, sino en las leyes, tienen la obligación de debatir, para dar a la ciudadanía ese elemento de análisis a la hora de tomar una decisión tan trascendente, que marcará lo que va a sucederle directa o indirectamente en los cinco años siguientes.

Quedo a disposición para contestar cualquier duda o consulta.

Reitero que no me interesa que se apruebe el proyecto tal como está, sino el fondo del asunto. Luego de una larga sequía de debates de presidenciables, aspiro a que en octubre y noviembre de este año los uruguayos tengamos la oportunidad de volver a tener debates”.

Fuente Imagen: telenoche.com.uy