Luis Hierro López: “La sociedad uruguaya deriva hacia un relativismo moral que nos hace un profundo daño”

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Luis Hierro López

“Las palabras y el poder”, lleva como título la columna del ex Vicepresidente de la República, Luis Hierro López en Correo de los Viernes, advirtiendo que “La sociedad uruguaya deriva hacia un relativismo moral que nos hace un profundo daño”, al cuestiona el embate promovido “por una ideología de género que, al igual que lo ocurrido hace unos años con los ecologistas extremistas, promueve el radicalismo y la militancia”.

Manifiesta Hierro López: “El embate del lenguaje inclusivo envuelve una etapa más de la lucha cultural que algunos sectores llevan adelante para controlar el poder. Así como ocurre con el relato histórico, la cultura y la Enseñanza, el idioma puede convertirse en el nuevo campo de batalla.

Seguramente hay jóvenes que actúan con espontaneidad y con gracia al seguir los modismos de cada época, diferenciándose de sus padres y de la sociedad adulta, proceso natural y bienvenido. Como sostuvo una experta argentina días atrás, el idioma es también un reflejo de los cambios sociales y nadie debe horrorizarse ante las innovaciones generacionales.

Pero en este caso estamos ante una situación distinta, promovida por una ideología de género que, al igual que lo ocurrido hace unos años con los ecologistas extremistas, promueve el radicalismo y la militancia. Es como si la vieja prédica marxista, formalmente en huida desde la caída del Muro de Berlín en 1989, se transformara en este tiempo de “travestismo” y tratara de reaparecer con otras vestimentas, pero con la misma carga dogmática e imperativa.

Los reclamos de algunos grupos de liceales para hablar y escribir con un nuevo género supuestamente inclusivo, no son creación autóctona, y repiten lo que ya ha ocurrido en otros países, desconociendo las verdades idiomáticas y el sentido común. El gobierno ha promovido el desdoblamiento (uruguayos y uruguayas) y algunos muchachos incluyen la x (todxs) o la arroba (tod@s) en lugar de la vocal que demarca género, pero eso es casi ilegible y provoca enormes problemas fonéticos. A ello se agrega ahora la novelería de la e.

Como bien lo explica el académico de la lengua Juan Luis Cebrián, el uso del masculino genérico no se basa en el machismo ni es un signo sexista, sino que es un recurso, construido durante siglos, para sintetizar y resumir el idioma español. La gramática no tiene que ver con la discriminación: hay idiomas que no reconocen los géneros, como el turco, pero sus sociedades son tremendamente machistas. Un especialista señala que el finlandés usa las palabras hombre o marido para englobar a ambos géneros, siendo Finlandia una de las sociedades más avanzadas del mundo en materia de igualdad de derechos. El árabe clásico, a la inversa del español, usa el femenino para referirse a ambos sexos, y sin embargo la discriminación contra las mujeres es en los países árabes de las más agresivas que se conozcan.

Pero el asunto tiene otras connotaciones más políticas, queridas o no por los promotores del nuevo lenguaje, pero sin duda influyentes, Hace ya años, en 2003, el entonces diputado Mujica insultó a Néber Araújo en el programa de televisión con mayor audiencia. “No sea nabo, Néber” fue una construcción deliberada o intuitiva, pero que tuvo una enorme carga y significado. El viejo guerrillero, que había fracasado en su aventura con las armas, estaba dispuesto a tomar el poder por la vía de las palabras y con ellas se propuso destruir a su enemigo de clase, destratarlo y arrodillarlo sin piedad. No fue la única vez que Mujica usó con eficacia maligna el poder de las palabras.

Ante este nuevo embate ideológico, sería necesario por lo tanto que las autoridades de la Enseñanza reaccionen e impongan la autoridad que les compete, pero dudamos que ello ocurra. Ya hubo una guía para la educación sexual muy polémica, así como Secundaria se hizo cargo de la edición de libros de historia que atentan contra la laicidad, entre tantas otras situaciones que expresan falta de dirección y de buen criterio o complicidad lisa y llanamente.

Pero mientras las autoridades miran para el costado y dejan hacer, es necesario, creo, tener en cuenta dos reflexiones principales.

En primer lugar, la sociedad uruguaya deriva hacia un relativismo moral que nos hace un profundo daño. No es lo mismo hablar o escribir mal que hacerlo correctamente, porque ello es la expresión del pensamiento. No es lo mismo ser hombre o mujer, niño o niña, ni es lo mismo actuar con decencia que con indecencia. No es lo mismo respetar al otro que maltratarlo o matarlo. La decadencia en la exigencia para el aprendizaje puede ser causa y efecto de lo que ocurre en la sociedad, pero si las faltas de ortografía no se corrigen o si, para poner otro ejemplo, los gobernantes dicen vulgaridades, no nos asombremos después de que la madre de un escolar golpee a la maestra o los padres promuevan la violencia en el baby fútbol. Los gobernantes, en el sentido más amplio del término, incluidos los directores de la Enseñanza, deben dar ejemplo de respeto al otro, tolerancia, probidad y exigencia moral. Las palabras son expresión de todo ello.

En segundo lugar: en términos generales, la Enseñanza y la sociedad uruguayas no discriminan por razones de sexo, raza o clase social, pero están dejando crecer la peor de las discriminaciones, que es la del aprendizaje y su sostén intelectual. Generaciones enteras van quedando rezagadas en su formación básica y su capacidad de comprensión. La alfabetización de este tiempo requiere que los alumnos de Secundaria manejen dos lenguas, matemáticas, informática, concepciones humanísticas sobre la historia y la cultura y, finalmente, capacidades para seguir aprendiendo. Lamentablemente eso no ocurre, ya que un enorme porcentaje de nuestros liceales desertan y quedarán excluidos del porvenir. Ese es el gran asunto que debe convocar a las autoridades de la enseñanza, a los maestros y profesores, a los padres de los alumnos y a los partidos políticos. Ese es el grande, principal y casi único desafío”.

Fuente Imagen: Facebook Luis Hierro López.